El día de hoy 3 de enero de 2026, quedará en las páginas de la historia. Como un día normal, me levante y desayune tranquilamente, no suelo tomar mi celular y revisarlo, pero estoy atento a cualquier llamada que pueda recibir y responder.
Alrededor de las 11 de la mañana, validé mis mensajes y me enfrenté a lo imaginable, la noticia donde confirmaba el presidente de los Estados Unidos el bombardeo y la captura de Maduro y su esposa. Mi reacción fue de sorpresa y antes de responder a unos ocho mensajes de amistades que me habían compartido la noticia, accione a mis técnicas para validar la información y me quede en estupefacto al validar la noticia.
Mi corazón se llenó de alegría y eso que no soy venezolano, trato de ser muy empático y luchar por la libertad, el respeto a la vida y la propiedad privada, este caso no es la excepción. En ese momento compartí la noticia a mis allegados para ser parte de esta buena noticia. Estaba emocionado con un sentimiento inigualable.
Hay muchas opiniones que giran en torno a lo sucedido, pero, deseo ponerme en la postura del ciudadano venezolano. Observé varios Reels en la red social de Instagram y había muchas historias celebrando y compartiendo el sentimiento de que ahora ya eran libres, pero, sobre todo, observar cómo recibieron la noticia y como la compartían con sus seres queridos, algo inexplicable para narrar. Simplemente la emoción me gano, y derrame unas lágrimas de felicidad.
Hay que meditar y hacerlo conscientemente, una meditación plena y que genere valor. No sé que suceda el día de mañana, hay que vivir el presente, ser feliz y vivir en paz.
