Guatemala rezagada en la regulación de la inteligencia artificial: el rol estratégico de los auditores de sistemas para exigir marcos regulatorios y acelerar la adopción

Mario Antonio Montenegro Rodas

La inteligencia artificial (IA) ya no es únicamente una herramienta tecnológica; se ha convertido en la apuesta para ser el próximo motor económico mundial por parte de las grandes corporaciones y la nueva carrera a liderar por las potencias mundiales. Empresas como Google, Microsoft, Amazon y Meta invierten cientos de miles de millones de dólares en infraestructura de IA, y gobiernos como el de Estados Unidos, China y la Unión Europea han impulsado marcos regulatorios específicos para su uso, con distintos grados de avance, con el fin de fomentar la innovación y proteger a sus ciudadanos.

En este escenario global de transformación acelerada, Guatemala se encuentra rezagada: ocupa el puesto 16 de 19 del Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA 2025), con 28.44 puntos sobre 100, en la categoría de «exploradores», compartiendo espacio con países como Bolivia y Venezuela, mientras que los «líderes» regionales, como Chile, Brasil y Uruguay, ya cuentan con estrategias nacionales consolidadas, marcos legales aprobados y ecosistemas de innovación en pleno desarrollo (CEPAL y CENIA, 2025).

Este atraso no es únicamente técnico, sino también regulatorio. Sin leyes específicas para la IA, el país no cuenta con incentivos claros para el avance de la tecnología y, además, se incrementan los riesgos éticos: sesgos en los algoritmos utilizados por empresas, fraudes en sistemas de tecnología de la información (TI) y una creciente vulnerabilidad en las auditorías de sistemas. En este contexto, a falta de voluntad política, el auditor de sistemas aparece como un actor clave. Su papel no se limita a detectar vulnerabilidades en los sistemas que están adoptando la IA siguiendo estándares internacionales como COBIT e ISO/IEC 42001; también puede encabezar la presión para que se creen marcos éticos y normativos actualizados, con la idea de convertir a Guatemala en un referente regional en la adopción responsable de la inteligencia artificial.

¿Dónde está Guatemala en la carrera por la IA?

El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial, elaborado por el CENIA de Chile y la CEPAL (2025), es contundente al mostrar las deficiencias estructurales que presenta Guatemala en cuanto a la evolución de la IA. Los problemas son múltiples e interconectados: bajo acceso a internet, escasa oferta de educación superior con enfoque en inteligencia artificial, infraestructura tecnológica deficiente y una nula regulación y promoción activa por parte del Estado. Estas carencias, lejos de ser incidentales, son síntomas de un rezago sistémico que arrastra al país fuera de la carrera por la modernización digital.

El informe GEM 2024-2025 de la Universidad Francisco Marroquín aporta datos reveladores: el 72% de los emprendedores guatemaltecos ya usa redes sociales para promover sus negocios y un 45% considera que la IA será muy importante para su estrategia de negocios en los próximos tres años, una expectativa que incluso supera el promedio latinoamericano (Universidad Francisco Marroquín [UFM], 2025). Sin embargo, apenas el 56.1% de la población utiliza internet (UFM, 2025), lo cual evidencia que aún persiste una brecha digital profunda a la que no se le presta la atención que merece en un mundo que avanza a pasos agigantados hacia la digitalización total.

La consecuencia directa de este diagnóstico es económica: la inversión extranjera en centros de datos (data centers) y en empresas emergentes (startups) de tecnología fluye hacia los países líderes de la región. Guatemala no está compitiendo por esa inversión, no porque carezca de talento humano, sino porque no existe un marco normativo que brinde la seguridad jurídica necesaria para atraerla. Esa ventana sigue abierta, aunque se va cerrando conforme el país posterga la decisión.

El auditor de sistemas como agente de cambio

En ausencia de un marco regulatorio nacional, la pregunta que surge de manera inevitable es: ¿quién puede ejercer presión real y técnica para que ese marco se construya? Y la respuesta la tenemos más cerca de lo que solemos pensar: los auditores de sistemas ya están dentro de las organizaciones que hoy modernizan sus sistemas y empiezan a explorar la implementación de la IA. Bancos, empresas grandes y medianas, organizaciones no gubernamentales e incluso el propio Gobierno guatemalteco son ejemplos de entidades que están en ese proceso.

El auditor de sistemas es, en este escenario, el único profesional que puede levantar hallazgos técnicos con peso ético y profesional. Mientras que otros actores pueden opinar sobre la IA desde afuera, el auditor opera desde adentro: conoce los sistemas, entiende los procesos y tiene la autoridad formal para emitir recomendaciones que las organizaciones están obligadas a considerar.

En este sentido, los auditores de sistemas pueden ejercer presión real al incluir en sus informes técnicos recomendaciones estructuradas para:

  • Implementar evaluaciones de riesgos éticos en los sistemas que utilizan IA.
  • Adoptar controles internacionales como la norma ISO/IEC 42001, el estándar internacional para sistemas de gestión de inteligencia artificial.
  • Exigir trazabilidad completa de los modelos de IA utilizados, documentando sus fuentes de datos, criterios de decisión y posibles sesgos.
  • Incorporar marcos de gobernanza como COBIT para asegurar que el uso de IA dentro de las organizaciones se realice con los controles adecuados.

Si la mayoría de los auditores de sistemas del país empiezan a documentar y reportar los mismos hallazgos sobre la ausencia de regulación en IA, se creará un ambiente de presión técnica y profesional que eventualmente llevará a los tomadores de decisiones tanto del sector privado como del sector público a actuar. Nada de esto es un pronunciamiento político; es, simplemente, hacer bien el trabajo que la profesión exige.

No sería la primera vez que algo así ocurre. Buena parte de la regulación tecnológica que hoy existe en el mundo empezó con hallazgos de profesionales que detectaron riesgos antes de que los legisladores repararan en ellos. Guatemala bien podría recorrer ese mismo camino.

También conviene detenerse en lo que cuesta no hacer nada. Cada año que pasa sin regulación es un año en que las organizaciones guatemaltecas implementan sistemas de IA sin los controles adecuados, exponiéndose a riesgos que van desde demandas legales hasta pérdidas financieras y daños reputacionales. Los auditores que documentan hoy estos vacíos están protegiendo a sus organizaciones del costo futuro de la improvisación regulatoria.

Además, el rol del auditor de sistemas no se limita a la emisión de informes internos. Organismos gremiales como el Instituto Guatemalteco de Contadores Públicos y Auditores (IGCPA) o asociaciones de tecnología y sistemas pueden convertirse en plataformas para consolidar los hallazgos individuales en posicionamientos colectivos que tengan mayor visibilidad ante los tomadores de decisiones públicos. Un hallazgo aislado se archiva sin mayor problema; ese mismo hallazgo repetido por decenas de auditores y respaldado por su gremio ya es más difícil de ignorar.

Propuestas para un ambiente competitivo en IA

Un diagnóstico que no viene acompañado de propuestas se queda en simple queja. Por eso vale la pena aterrizar tres iniciativas concretas que, aplicadas de forma coordinada, podrían mover la posición de Guatemala dentro del ecosistema latinoamericano de la inteligencia artificial.

1. Mesa Técnica Nacional de Inteligencia Artificial

La creación de una «Mesa Técnica Nacional de Inteligencia Artificial» integrada por representantes del sector público, el Colegio de Contadores Públicos y Auditores, empresas privadas y entidades internacionales. Su misión sería analizar la realidad y las necesidades del país para una mejor implementación de la IA en términos de infraestructura, educación e inversión y formular así una propuesta de ley que impulse la inversión nacional, atraiga capital extranjero y posicione a Guatemala como líder regional en la implementación responsable de la IA.

Modelos similares han funcionado en otros países: Costa Rica, por ejemplo, estableció una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial con un comité técnico multisectorial que en menos de dos años generó lineamientos concretos para el sector público. Guatemala puede hacer lo mismo, con un enfoque adaptado a su realidad y necesidades específicas.

2. Adhesión a estándares internacionales con período de adaptación

Adherirse a estándares internacionales como la ISO/IEC 42001 para entidades del Estado y empresas reguladas, estableciendo un período de gracia suficientemente amplio que permita la adopción adecuada sin generar impactos negativos abruptos en las operaciones. Esta norma define los requisitos para establecer, implementar, mantener y mejorar continuamente un sistema de gestión de IA (International Organization for Standardization [ISO], 2023), y su adopción colocaría a las organizaciones guatemaltecas en el mismo nivel de exigencia que sus contrapartes internacionales.

Para los auditores de sistemas, esta norma sería una herramienta invaluable ya que les proveería de un marco técnico claro para evaluar el cumplimiento de sus clientes y organizaciones, y les permitiría emitir hallazgos específicos y documentados en lugar de recomendaciones genéricas.

3. Fondo educacional con alianza público-privada

La creación de un fondo educacional mediante una alianza público-privada entre universidades, empresas tecnológicas y el Ministerio de Educación para impulsar la formación con énfasis en inteligencia artificial desde todos los niveles educativos. El objetivo sería comenzar a desarrollar el talento humano local que el país necesitará para no depender exclusivamente de profesionales y tecnologías extranjeras.

No se trata de una idea inalcanzable. Los programas de certificación en tecnología de la información que ya ofrecen algunas universidades guatemaltecas muestran que hay capacidad instalada; lo que falta es coordinar la voluntad y conseguir el financiamiento. Un fondo así, con participación del sector privado interesado en contar con talento local calificado, podría ser justamente lo que lo eche a andar.

Conclusión: la oportunidad existe, ¿la aprovecharemos?

El rezago de Guatemala en la regulación y la adopción de inteligencia artificial es real, y su posición en el ILIA 2025 lo confirma. Mientras no existan marcos éticos ni incentivos claros, los riesgos de fraude, exclusión y pérdida de competitividad seguirán creciendo, y no afectan únicamente a la auditoría de sistemas: comprometen el crecimiento económico del país en general.

Nada de esto es irreversible. El país todavía está a tiempo de convertirse en una referencia regional en seguridad jurídica, formación de talento y atracción de empresas tecnológicas, pero ese margen depende de qué tan rápido reaccione. Y mientras aquí se discute si conviene actuar, otros países de la región ya legislan, invierten y forman a sus profesionales.

Ahí es donde los auditores de sistemas tienen algo que aportar. Su trabajo no se agota en analizar y detectar riesgos; también pueden ser quienes, desde adentro, empujen la construcción de soluciones concretas. Una presión técnica sostenida y bien coordinada puede terminar abriendo paso a un marco normativo para la IA en Guatemala. No es una tarea sencilla, pero es posible.

Como gremio, tenemos la responsabilidad ética y técnica de no quedarnos viendo desde la barrera una transformación que está reordenando la economía mundial. A estas alturas, la discusión de fondo no es si Guatemala debe regular la IA; es con qué rapidez y con qué criterio técnico lo hará. Y buena parte de ese criterio puede salir del trabajo cotidiano de cada auditor en su organización.

Ese trabajo puede empezar ya, sin esperar a que exista una ley aprobada o a que un organismo internacional lo exija: en cada informe de auditoría, en cada recomendación técnica y en cada conversación con la dirección de las organizaciones donde trabajamos. La regulación de la IA en Guatemala difícilmente va a bajar sola desde arriba; lo más probable es que se construya desde abajo, de la mano de quienes mejor entienden lo que está en juego. Y ese papel, en buena medida, nos toca a los auditores de sistemas.

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Referencias

Comisión Económica para América Latina y el Caribe y Centro Nacional de Inteligencia
Artificial. (2025). Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2025
(Documentos de Proyectos LC/TS.2025/68).
https://www.cepal.org/es/publicaciones/82514-indice-latinoamericano-
inteligencia-artificial-ilia-2025

International Organization for Standardization. (2023). ISO/IEC 42001:2023 —
Information technology — Artificial intelligence — Management system.
https://www.iso.org/standard/81230.html

Universidad Francisco Marroquín. (2025). Global Entrepreneurship Monitor Guatemala
2024-2025. https://gem.ufm.edu/wp-content/uploads/2025/08/GEM-Guatemala-2024-2025-06.08.25_VF-1.pdf

Sobre el autor
Mario Antonio Montenegro Rodas es profesional y estudiante universitario con interés
en auditoría de sistemas, tecnología y política pública en el contexto guatemalteco.
Contacto: montenegromario2003@gmail.com

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